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Cómo sufren los municipios pequeños y evidentemente los más
pobres de la República, Joaquín.
Hace unos días se dio un tiro en la cabeza el alcalde del
municipio de Guerrero en Chihuahua, el señor Jorge Morales Morales.
Lo habían acusado de malversar fondos del municipio hasta por
22 millones de pesos. El señor Morales alegó inocencia y se dijo perseguido por
el gobernador Patricio Martínez por haberse opuesto a un proyecto del gobierno
del Estado de Chihuahua.
Pero hay más, Joaquín. La Secretaría de Desarrollo Social
inició proceso jurídico por haber distraído un millón 600 mil pesos del
programa oportunidades.
¿Su pecado? Pues el de tantos alcaldes de la República,
utilizó ese dinero para el gasto corriente. Lo utilizó para pagar a los
proveedores de obra pública.
No es el primer caso, Joaquín. Hay muchos ejemplos de
presidentes municipales que a veces no les alcanza el dinero ni para completar
la nómina de empleados y disponen de los fondos de los programas sociales para
pagar.
No sé si el señor Morales haya fallecido, Joaquín. Dejó una
carta para su padre, en la que dice: “a mi padre le digo que no tiene por qué
avergonzarse de mí, ya que lo que he hecho es sólo trabajar como él me enseñó”.
Un hombre, Joaquín, acorralado por la sinrazón y la mala fe de
la política decide suicidarse, avergonzado por las acusaciones contra su honra.
Qué contraste, Joaquín, qué contraste con tantos pillos que
andan por ahí.
Con tantos prominentes pillos que no conocen la vergüenza.
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