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Ya está detenido el ex tesorero del gobierno del DF Gustavo
Ponce Meléndez.
Dice tener miedo, Joaquín, yo creo que Ponce se ha convertido
en indestructible.
Aunque le cayera un rayo, accidente de la naturaleza, nadie
creería que fue un accidente.
Tiene, pues garantizada su seguridad física.
El caso Ponce, Joaquín, a pesar de su trascendencia política,
es un episodio más en esta interminable serie de episodios escandalosos en que
se ha convertido la política nacional.
Creo, Joaquín, más trascendente el tema de la situación en
los penales, y sobre todo, en los penales de alta seguridad, penales donde
según el señor Carlos Tornero, encargado de supervisarlos, reconoció que hay
una lucha por impedir que los peores criminales se apoderen del control de esas
cárceles.
Es triste que por consideraciones humanitarias, ajenas a la
seguridad, se hayan deteriorado los estándares en los penales de alta
seguridad. Esos estándares correspondían a los penales donde los europeos encierran
a los terroristas.
Las reglas originales en los penales de alta seguridad eran
tan rigurosas como en esos penales europeos. Poco a poco se fueron relajando,
por autoridades acobardadas por la acusación de reprimir a los presos. Y ahora
tenemos la terrible amenaza de que los peores delincuentes, los
narcotraficantes, los secuestradores y los asesinos más despiadados, se
conviertan en los amos y señores de los penales de alta seguridad.
Y el Estado parece, por ahora, estar perdiendo la batalla.
Y muchos no se dan cuenta que si esa batalla la pierde el Estado, perderemos
todos, perderá toda la sociedad.
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