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Se cuenta que, cuando don Adolfo Ruiz Cortines era Presidente
de la República, un amigo le pidió ayuda para ser gobernador. Ruiz Cortines le
sugirió que hiciera campaña, que hiciera proselitismo en su Estado.
Al poco tiempo, hubo candidato a gobernador, pero no fue el
amigo de don Adolfo.
Y llegó a Los Pinos y le dijo: ¿qué pasó, Adolfo? Ni modo,
perdimos, le respondió Ruiz Cortines.
Nunca, por supuesto, hubo intención de que el amigo de Ruiz
Cortines fuera candidato.
Algo así hizo el PRD. Ahora le echan toda la culpa a Leonel
Godoy porque no impidió que la esposa del gobernador de Tlaxcala fuera
candidata.
Se dice que el gobernador Alfonso Sánchez Anaya le ganó la
partida una y otra vez a su partido, al PRD.
Quizá, Joaquín, pero también todo pudo ser una farsa y el PRD,
sabiendo que el gobernador Sánchez Anaya tiene el control político de Tlaxcala,
no se quiso arriesgarse a perder una posición, a perder una gubernatura.
Ganó, por supuesto, Sánchez Anaya, pero también gana su
esposa, Maricarmen Ramírez, quien ahora no tiene más argumento que hablar de
legalidad.
Es cuestionable, Joaquín, contra toda ética y moral políticas,
que la esposa de un gobernador se convierta en candidata a sucederlo.
Pero, en fin, ella ya lo dijo: en el asunto de candidatura
nada tienen que ver ni la ética ni la moral políticas, sino sólo la legalidad.
Es una respuesta al estilo de los caciques estatales de hace
60 años.
Por lo visto, para Sánchez Anaya y para su esposa y ahora
candidata, igual que para Gonzalo N. Santos, la moral es solamente un árbol que
da moras.
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