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Ahora resulta que nadie escuchó al Presidente Vicente Fox
cuando pidió prudencia en la evaluación de ideas acerca de qué cambiar, cómo
cambiarlo y por qué cambiar nuestro actual sistema político.
Ya encarrerados, muchos de los participantes en el foro de
gobernabilidad insisten en que el presidencialismo no sirve, y lo quieren
reemplazar por el parlamentarismo.
Uno, Joaquín, que es apenas un observador, no un experto en
esas complejas cuestiones de la ciencia política, pues tiene que recurrir a
libros, diccionarios, en fin a todo lo que se puede para saber más sobre
parlamentarismo.
En esa búsqueda, Joaquín, me encontré con lo que opina un
crítico del parlamentarismo, el alemán Carl Schmitt, fallecido hace 9 años.
Dice Schmitt que el parlamentarismo nada tiene que ver con la
democracia. Que el sistema de listas del sistema parlamentario rompe la
relación entre el votante y su representante.
Que en el parlamentarismo las decisiones importantes se
adoptan en reuniones secretas de los jefes de los partidos. En el Parlamento,
asegura, los diputados se limitan a ratificar y aprobar esos acuerdos.
Y me acordé que a finales de los noventa, Joaquín, cuando la
Cámara de diputados la controlaba la oposición, aquella oposición encabezada
por Porfirio Muñoz Ledo y Santiago Creel, vino a dar unas conferencias el
politólogo italiano Giovanni Sartori. Ansiosos, los mexicanos le preguntaron
cuál era su consejo para México.
Sartori les dijo lo que no debían hacer: no se les ocurra
cambiar el sistema presidencial por uno parlamentario.
Para pensarlo, Joaquín, para pensarlo.
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