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Esta tarde, Joaquín, se efectúa la reunión del Presidente Fox
con Andrés Manuel López Obrador.
Durante una hora, presuntamente solos, discutirán el
Presidente y el jefe de gobierno del Distrito Federal sobre los asuntos que les
interesan.
Coincido con quienes advierten que no hay que esperar grandes
resultados de este encuentro de una hora. Pero, Joaquín, por fin se empieza a
restablecer la costumbre de dialogar, de deliberar, entre los hombres de la
política nacional.
Estas reuniones, Joaquín, debieran ser una obligación para los
políticos, porque se les elige para atender los problemas de la sociedad, no
para dar un espectáculo de pleitos, confrontaciones y descalificaciones.
Pero más importante será la reacción tanto del Presidente Fox
como de López Obrador en las horas, días y semanas siguientes, porque han
intercambiado muchas, quizá demasiadas descalificaciones.
La República, Joaquín, pasa por el trance de tener que
cambiar muchas de las viejas formas de la política, porque el país es muy
distinto, distinto al de hace cuatro años.
Y cualquier cambio tiene que ser el resultado del diálogo y la
negociación.
El diálogo y la negociación son obligación primordial de los
políticos, para que el cambio sea ordenado, pacífico y conveniente.
Sería muy lamentable que después de una hora de charla
descubriéramos que la reunión entre el Presidente Fox y López Obrador sólo fue
un diálogo de sordos.
Muy lamentable, Joaquín, porque eso significaría que existe el
riesgo de que las elecciones de 2006, a diferencia de hace cuatro años, serían
un proceso desordenado y nada pacífico.
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