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Esta semana se reúnen el Presidente Vicente Fox y el jefe de
gobierno del DF Andrés Manuel López Obrador.
Pienso que se han depositado excesivas esperanzas en este
diálogo, porque es apenas el principio de un diálogo que debió ser permanente,
un diálogo que nunca debió interrumpirse.
Y digo que se han depositado excesivas esperanzas, Joaquín,
porque esta reunión es una que le fue forzada al Presidente Fox, le fue forzada
por la estrategia de López Obrador.
Como sea, Joaquín, es el principio.
Aunque lo nieguen López Obrador y sus aliados, el diálogo en
Los Pinos sólo puede tener éxito si el propósito del jefe de gobierno del DF es
mantener una relación sana, institucional y política con la Presidencia de la
República.
Porque no pueden esperar López Obrador y sus aliados que el
Presidente de la República se quede callado cuando lo llaman “jefe de una
camarilla”.
En esto de la política y la relación política, Joaquín, como
en las relaciones entre las personas, tiene López Obrador aceptar el viejo
principio de que el que se ríe, se lleva.
Y se aguanta.
Ojalá, Joaquín, que López Obrador le dé a la reunión con el
Presidente el valor que tiene para la tranquilidad política, cuando menos para
la tranquilidad política de la capital de la República.
La mayor responsabilidad del éxito de la reunión la tiene
López Obrador, quien tendrá que demostrar en la reunión y en las siguientes
semanas si está dispuesto a sacrificar la tranquilidad política con tal de sacar
adelante su proyecto personal.
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