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Hay que parafrasear a Marx, quien sostenía que un fantasma
recorría Europa.
A México y a la política mexicana los recorre otro fantasma,
Joaquín, el fantasma del nepotismo, nepotismo avalado por el fallo del Tribunal
Federal Electoral a favor de la esposa del gobernador de Tlaxcala.
La terca pelea de la señora Maricarmen Ramírez de Sánchez
Anaya para ganarle al PRD la candidatura a la gubernatura de Tlaxcala ha
reanimado el ánimo de muchas cónyuges.
La señora Marta Sahagún de Fox festejó la candidatura de
Maricarmen Ramírez. No pueden coartarse los derechos y oportunidades de las
mujeres, dijo. Y se entusiasmaron otras cónyuges.
En Nayarit recobró bríos la señora Martha Elena García de
Echavarría, esposa del gobernador
Antonio Echavarría, quien, con el mismo alocado amor de Sánchez Anaya ha dicho
que apoya a su mujer.
Recordemos la feminista presentación que hizo el gobernador
nayarita de su esposa: es gallina fina, de buen plumaje.
Y en Quintana Roo latió más aprisa el corazón de María Rubio,
la esposa del gobernador Joaquín Hendricks.
Y quién sabe cuántos más, o más bien cuántas más se preguntan:
¿y por qué no?
A este paso, Joaquín, el camino más rápido, el más fácil, el
más sencillo para que una mujer llegue a la gubernatura será estar casada con
el gobernador en turno.
Y, la verdad, Joaquín, si de equidad hablamos, eso es una
injusticia para tantas mujeres que luchan por abrirse paso en la política.
Esas, Joaquín, si el nepotismo gana, no tendrán oportunidad de
ser gobernadoras.
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