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La semana pasada, Joaquín, te decía José María Sanguineti que
Japón, Corea y la India avanzaron en su camino de la prosperidad porque
invirtieron prioritariamente en la educación.
El reto moderno es convertir a la educación en la palanca del
desarrollo económico y social, para no rezagarse en un mundo globalizado en el
cual la tecnología que evoluciona rápidamente, explicaba Sanguineti.
Por eso reclamó ayer el rector de la UNAM Juan Ramón de la
Fuente la brutal reducción presupuestal a la inversión en la educación
superior.
Y preguntaba el rector de la Fuente: ¿es o no prioritaria la
educación superior en nuestro país? ¿Es o no prioritaria la investigación y el
desarrollo? ¿Cómo podemos ser competitivos si no contamos con una ciencia y una
tecnología propias?
El Secretario de Educación Reyes Tamez confundió el
planteamiento del rector, pues respondió que aunque invirtamos todo el gasto
del país en la educación no vamos a alcanzar lo que invierten por alumno los
países que más invierten en educación.
Confundió el planteamiento, pues no se trata de competir con
el gasto de los países desarrollados, sino de que México invierta en la ciencia
y tecnología que necesita para ser competitivo y no condenarlo a la eterna
dependencia que significa la importación de tecnología.
La mitad de la investigación científica se realiza en la UNAM,
el sector privado no gasta en eso, nunca lo ha hecho, nunca lo hará.
Tiene razón el rector de la Fuente, Joaquín, si no invertimos
en ciencia y tecnología ahora, Joaquín, estamos condenando a las próximas
generaciones de mexicanos a la eterna dependencia y al permanente atraso.
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