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La práctica de que el Presidente de la República rinda un
informe ante el Congreso está marcada por la Constitución.
Y porque desde los primeros Presidentes de la República
empezaron a leer los informes, no a enviarlos por escrito.
La práctica, pues, ha hecho la costumbre.
Como también hay la costumbre de la respuesta al Informe.
Esta, la verdad Joaquín, debiera ser como la que dio hace seis años Arturo
Núñez Jiménez: hemos recibido el informe, lo revisaremos y opinaremos una vez
revisado. Hola y adiós.
Ha habido respuestas como esta: “resulta una grave perversión
del poder público pretender que la sociedad se organice para defender las
instituciones, cuando son éstas las que deben defender a la sociedad”.
O aquella otra: “de nada sirve escuchar una vez más que vamos
bien, si la pobreza sigue aumentando peligrosamente en el país”.
Estas dos frases, Joaquín las pronunció por cierto Carlos
Medina Plascencia el uno de septiembre de 1999, cuando respondió al Quinto
Informe de gobierno de Ernesto Zedillo.
Frases groseras que no debieron pronunciarse hace cinco años.
Y que tampoco ahora deben pronunciarse ahora.
La figura presidencial merece respeto. A pesar de las cuentas
de colores que nos venden los profetas de la nueva democracia, la Institución
Presidencial es fundamental para la República.
No importan aquellas frases groseras de Medina Plascencia.
Hoy, cuando el Presidente Fox rinda su informe. El priísta Manlio Fabio
Beltrones no debe dejarse arrastrar por el afán crítico.
Debe tratar con respeto al Presidente Fox.
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