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Estamos a una semana del cuarto informe de gobierno del
Presidente Fox.
Han dicho los panistas y algunos funcionarios federales que
gracias al cambio el uno de septiembre ya no es el día del Presidente.
Es posible, Joaquín, pero seguirá siendo el día que el
Presidente de la República le informa al Congreso de la Unión cómo marcha la
República.
Muchos quisieran que ese día se entablara un diálogo entre los
legisladores y el Ejecutivo, bueno, más que un diálogo, quisieran polemizar con
el Ejecutivo.
No es posible, Joaquín, porque son Poderes distintos. Elegidos
por procedimientos que aunque sean democráticos son distintos.
Vamos, Joaquín, no son iguales, no son pares.
Pero el ambiente se ha caldeado tanto que seguramente durante
toda la ceremonia del informe presidencial habrá gritos y sombrerazos por el
proceso de desafuero de López Obrador.
Tampoco son novedad, pues se iniciaron desde el sexenio de
Miguel de la Madrid, cuando interrumpió un informe el panista Alejandro Gurza.
Y desde entonces durante cada informe presidencial se organizan gritos y
sombrerazos entre los legisladores.
Gritos y sombrerazos, Joaquín, que no sirven de nada, como no
sea para darle contenido a la nota de color.
Ah, pero si le agregamos el ingrediente de las protestas que
intenta organizar la UNT, una serie de bloqueos y dizque paros laborales, la
posibilidad de manifestaciones afuera de Palacio Nacional, no todo está
perdido, al menos no será tan rutinario el próximo uno de septiembre.
Y eso siempre se agradecerá, porque desde ahora estamos
seguros que el uno de septiembre habrá nota. ¡Qué bueno que ya no es el día del
Presidente!, ¿Verdad, Joaquín?.
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