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Ayer, Joaquín, estalló la huelga en la planta de la
Volkswagen.
Según lo declarado por Francisco Hernández Juárez, es una
huelga cuyo objetivo va más allá de obtener mejores prestaciones, se trata de
una huelga de alguna manera política, porque se vincula con las protestas por
las reformas a la ley del seguro social.
El derecho a la huelga, Joaquín, es sin duda un derecho
constitucional, pero en la de la Volkswagen deberían de tomarse en cuenta otros
factores.
Ayer también se supo que China recibió en el pasado julio
inversión extranjera por 38,400 millones de dólares. Esto coincide con lo
expuesto por un diario financiero alemán: hay una nueva división de trabajo
mundial y China actúa como un banco de trabajo, o sea una fuente de mano de
obra barata.
México ya no recibe grandes inversiones productivas que creen
empleos, mucha de la inversión extranjera es sólo para comprar empresas
mexicanas. La competencia internacional es implacable, Joaquín. Por eso, Joaquín,
el estallamiento de una huelga por razones políticas es, siendo generosos, una
monumental torpeza.
Hace dos años, a causa de los conflictos laborales canceló una
inversión que duplicaría el tamaño de su planta de Puebla.
El riesgo ahora es que Volkswagen decidiera aprovechar las
ventajas que le ofrece China con su mano de obra barata.
Se perderían cuando menos 50 mil empleos y eso sería un
desastre para la economía de Puebla, y, para la economía nacional.
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