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Es muy posible, Joaquín, que no sea desaforado el jefe de
gobierno del Distrito Federal, porque hay muchos que creen que se le
convertiría en mártir y se le fortalecería en su carrera por la Presidencia de
la República.
A pesar de eso, López Obrador no se siente totalmente seguro y
es posible que por eso actúe como si no le importara lo que ocurre en la Cámara
de Diputados.
Por eso hoy en la mañana dice que su futuro no está en manos
ni del PAN, ni del PRI, sólo está en manos de los ciudadanos.
Es una pena que se mantenga López Obrador en esa ruta que sólo
demuestra su desprecio por los procesos legales.
El desafuero es un proceso político y legal establecido en la
Constitución, Joaquín, eso lo sabe López Obrador.
Quizá tenga razón cuando asegura que sólo se le quiere
eliminar como aspirante a la Presidencia de la República.
Pero ya está en marcha el proceso de desafuero. Y falta que
resuelva la Suprema Corte de Justicia si no hay irregularidades en el proceso.
Pero mientras no se pronuncie la Suprema Corte, López Obrador
no puede despreciar un proceso legal como el proceso de desafuero.
Se equivoca cuando sostiene que a él no lo pueden desaforar ni
el PAN, ni el PRI, pues los votos de esos partidos, especialmente los del PRI,
serán decisivos, serán los que determinen el futuro de López Obrador.
En su permanente negación es como aquel niño que silbaba en la
oscuridad, para espantar su miedo.
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