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Por lo visto, Joaquín, la Secretaría de Educación Pública está
decidida a poner en práctica muchas innovaciones.
Los cambios en el estudio de la historia nacional, al parecer,
han sido suspendidos por las protestas que provocaron y esperarán a que una
comisión designada al efecto estudie la cuestión.
Pero hay otra disposición que se aplicará a la educación
preescolar que podría tener el mismo efecto que los cuestionados cambios al
estudio de la historia nacional.
Ahora se trata de hacer discrecionales los honores a la
bandera y las ceremonias cívicas que habitualmente te realizan en los planteles
de preescolar.
Se afirma que se trata de una medida nacida de la tolerancia,
para respetar a una mínima minoría que por razones religiosas se niega a rendir
honores a la bandera y a cantar el himno nacional.
Es posible que la razón sea buena, Joaquín, pero uno se
pregunta cuándo cree la SEP que tienen que arraigarse los valores cívicos
nacionales.
Este es un Estado laico, es cierto, Joaquín, pero todos los
Estados laicos tienen sus propios símbolos, sus propias ceremonias, que
siembran en sus ciudadanos el amor a la Patria, el respeto a los símbolos
patrios.
En un país tan heterogéneo, Joaquín, esos valores permiten que
todos los mexicanos, los del norte, los del centro y los del sur, tengamos algo
en común, tengamos el sentido de pertenencia indispensable para todos.
Tristemente, Joaquín, sólo han protestado por la medida unas
pocas voces, aunque pronto los pequeños de preescolar vayan a escuchar con más
frecuencia el himno norteamericano que el nuestro.
El único que lo ha advertido es el presidente de la Unión de
Padres de Familia, quien ha dicho que la tolerancia puede ser excesiva.
Si hay quienes, por razones religiosas, se ofenden cuando
ondea la bandera nacional, pues entonces que el Presidente de la República
salga al balcón de palacio el próximo 15 de septiembre con una bandera blanca,
nada más neutral, nada menos ofensivo.
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