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El pasado febrero se anunció con gran espectacularidad la
celebración de la Convención Nacional Hacendaria.
El objetivo era, y supongo que es, conseguir acuerdos en
materia hacendaria, porque todos están de acuerdo en que las arcas del gobierno
necesitan más dinero para atender los problemas nacionales.
Nos dicen que los gobernadores han llegado a acuerdos, pero
que el tema que los tiene detenidos, es el de siempre: ¿cómo conseguir más
recursos sin aumentar los impuestos?
Propuestas han sobrado. Algunos gobernadores están de acuerdo
en que se graven los alimentos hasta con un 4 por ciento. Se habla de reducir
el IVA a 12 por ciento pero cobrando hasta por reírse. Y se habla de que los
Estados cobrarían un impuesto de 3 por ciento al consumo. Que se eliminen
exenciones a sectores productivos.
Lo que ha sobrado, pues, son propuestas, ideas para que el
Estado recaude más.
Pero lo que ha faltado, más que acuerdos, es el coraje
político para decirle a los mexicanos que hay que cobrar más impuestos.
Nadie parece tener el coraje político para tomar las
decisiones impopulares que muchas veces tienen que tomar los hombres del poder.
Nadie parece tener el coraje político para decirle a los
mexicanos que tienen que pagar más impuestos.
Porque lo que importa en estos tiempos no es tomar las
decisiones correctas, las decisiones que necesita el país.
No, lo único que importa en estos tiempos es la popularidad en
las encuestas semanales.
No importa que se gobierne mal.
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