|
Las elecciones de gobernador en Oaxaca se han convertido,
Enrique, en el centro de la atención nacional.
Por malas e irresponsables razones.
En Oaxaca pelean los grupos priístas que se disputan la
candidatura presidencial. Pelea el gobierno del Presidente Fox contra el
gobernador Murat. Y andan sueltas muchas ambiciones, demasiadas ambiciones de
políticos oaxaqueños.
Es un Estado distinto a casi la mayoría de los Estados de la
República. Allí la mayoría de los municipios eligen a sus gobernantes por el
sistema de usos y costumbres, nada de institutos electorales municipales ni
cosas por el estilo. Así de arraigadas están las tradiciones. Pero también los
cacicazgos. Muchos políticos oaxaqueños que en los últimos días presumen de
democráticos en la ciudad de México, en realidad forman parte de cacicazgos
locales.
Es criminal que desde el Distrito Federal quieran convertir a
Oaxaca en campo de batalla, cuando saben que por los regionalismos la violencia
siempre ha estado a flor de piel.
El pasado martes, Enrique, cité a un personaje de política
ficción que decía: “nunca dejan de asombrarme de lo que son capaces los
políticos; son capaces de dividir a la sociedad, de provocar enfrentamientos
entre los grupos de la sociedad, con tal de ganar el poder”. Esa frase de
política ficción, Enrique, retrata la realidad que ahora vive Oaxaca.
Total, los políticos y funcionarios sólo declaran y provocan.
Son los oaxaqueños los que ponen los muertos.
|