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Hace poco más de 12 años, Enrique, el ex presidente brasileño
José Sarney, autor del fracasado plan real, un plan económico que intentó
resolver una crisis económica y política en Brasil, le dijo a Luis Donaldo
Colosio:
El plan hubiera funcionado, si en Brasil tuviéramos, como
ustedes en México, un Seguro Social, una Conasupo, un Issste, comentó Sarney.
La Conasupo ya desapareció, y dejó al campesino mexicano
indefenso ante la voracidad de las fuerzas del mercado.
Aún tenemos el Seguro Social. No podemos permitir un colapso
en el instituto que atiende a más de 40 millones de mexicanos.
Y no sólo eso, Enrique, es la institución en la cual se han
formado y trabajan los mejores profesionales de la medicina de la República y
de Latinoamérica.
Se equivocan quienes piensan que la iniciativa privada
llenaría el hueco del Seguro Social, eso es imposible. Igualmente aquellos que
piensan que todo tiene que seguir igual en el IMSS.
Por eso es importante empezar a hacer algo para impedir un
colapso financiero en el Seguro Social. Claro que las reformas que ahora se
discuten en el Congreso no resolverán todo el problema. Son una medida de emergencia.
Las reformas son apenas el principio de lo que tendrá que ser
un programa de saneamiento financiero del Seguro Social, para impedir un
colapso, porque el colapso sería una tragedia cuyas proporciones no quieren
reconocer los mezquinos intereses políticos que intentan impedir cualquier
arreglo.
Un colapso en el Seguro Social, Enrique, nos colocaría en la
inestabilidad política, económica y social más grave de los últimos cien años.
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