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En alguna película de política ficción, uno de los
protagonistas en el rol de presidente de la Suprema Corte de Justicia comenta
que nunca le dejará de asombrar cómo explotan los políticos las rencillas entre
los grupos sociales con tal de ganar el poder.
Recuerdas, Enrique, aquel programa cómico de televisión que
preguntaba: ¿qué nos pasa?
Esa pregunta nos la tendríamos que hacer, Enrique, en un escenario
real, verdadero, no resultado de ningún guión imaginado por algún escritor de
comedias.
Tristemente lo que ocurre en México no es política ficción, no
es el resultado de la imaginación de ningún guionista, es una terrible
realidad: todos y cada uno de los problemas que tenemos son utilizados por los
políticos y funcionarios como instrumentos para la lucha por el poder.
Se explotan sin el menor escrúpulo todos los rencores, se
atiza el fuego de los conflictos, se provocan confrontaciones. Todo, lo que
sea, Enrique, con tal de ganar ventaja.
Los políticos y los funcionarios han interpretado la
democracia como un sistema que divide a la sociedad, que atiza los rencores y
ahonda las diferencias. Y la democracia no es eso.
Lo mismo si se trata del caso de las pensiones del IMSS, del
IPAB y el Fobaproa, que del caso del 10 de junio, o de la destitución del
alcalde de Cancún. No importa el tema,
los políticos y funcionarios no buscan la conciliación, buscan la
confrontación. Y no les importan las consecuencias para el país.
En estas condiciones, Enrique, es el Ejecutivo Federal el
responsable de impulsar la conciliación, pero no sólo de palabra, sino también
con acciones.
Si no es así, Enrique, con tantas situaciones adversas,
estaríamos perdiendo otra oportunidad de tener un mejor país.
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