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Dice el
Presidente Fox que ni él ni su esposa Marta Sahagún de Fox tienen planes
políticos para después del uno de diciembre de 2006. Nos iremos al rancho.
El tema central, a pesar del ruido, es
otro: que el Presidente Fox ni siquiera se pregunte si habrá que corregir el
rumbo de su gobierno.
Quizá,
como dijo ayer, hoy no hay una crisis política, pero puede haberla si mantiene
su obcecación de sabotear sus relaciones con sus adversarios.
Se niega
a ceder en su intento de desaforar a López Obrador. Y se niega a ceder en su
pretensión de encarcelar al ex presidente Echeverría, a Mario Moya Palencia y a
algunos viejos militares.
Si no
cede, bloqueará cualquier posibilidad de acuerdos con el PRD y con el PRI, y
sin acuerdos políticos, Joaquín, nada marchará, nos pasaremos el resto del
sexenio de sofocón en sofocón, de crisis en crisis y en un descuido se puede
romper la cuerda.
No importa
que la renuncia de Alfonso Durazo haya sido una calculada maniobra política
para forzar la mano del Presidente.
El
Presidente Fox sólo escucha a los cortesanos de Los Pinos y del gabinete.
A algunos
de los presidentes del viejo régimen, Joaquín, lo que les permitió sortear las
dificultades de la Presidencia fue la costumbre de consultar, preguntar y
escuchar a otros, no sólo a los cortesanos de Los Pinos o del gabinete.
Creo que
el Presidente Fox está todavía a tiempo de consultar, preguntar y escuchar a
otros que no sean los cortesanos de Los Pinos y del gabinete.
Si no lo
hace, Joaquín, pues hay que abrocharse los cinturones, porque todo puede pasar.
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