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Insisto en
lo escrito esta mañana, lo de Alfonso Durazo Montaño no fue una renuncia, fue
un retrato hablado de la Presidencia del Presidente Fox.
En su renuncia
a la secretaría particular, a la dirección de comunicación social y a la
vocería presidencial, Durazo refleja cómo el Presidente Fox es rehén de sus
propias contradicciones, las familiares, y las políticas y confirma la crítica
a la forma de llevar los asuntos de la Presidencia.
Denuncia
que muchas de las confrontaciones se han movido desde Los Pinos, desde la
errónea óptica de que son normales, como si en las democracias no hubiera
espacio para la conciliación.
Confirma
que la batalla con los fantasmas del pasado se origina en Los Pinos, al
advertir que no se puede intentar atender todos los pendientes del pasado. Y
muestra una timidez presidencial para emplear la fuerza legítima del Estado,
por considerarla no democrática.
Señalamientos
válidos y advertencias ofrece Durazo en su renuncia, pero sobre todo salta su
desacuerdo con una posible candidatura presidencial de la señora Marta Sahagún
de Fox. Y culpa a esas aspiraciones por los recientes conflictos políticos.
No
obstante, Joaquín, cuando uno se entera que desde hace más de una semana en Los
Pinos se tomó la decisión de hacer un anuncio definitivo, el anuncio de que la
señora Marta Sahagún de Fox no quiere ser candidata a la Presidencia, uno
empieza a tener dudas sobre las verdaderas razones de Durazo.
¿Qué fue la
renuncia de Durazo, Joaquín? ¿Una catarsis, un desahogo, o quizá una maniobra
resultado de un frío cálculo político?
El tiempo
nos lo dirá, Joaquín.
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