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Muchas
especulaciones ha desatado el discurso pronunciado ayer por el Secretario de la
Defensa Nacional, general Ricardo Vega García.
La lealtad
de los militares mexicanos para con las instituciones de la República nunca ha
sido suficientemente valorada. Algunos, envenenados por la retórica de los
tejedores de leyendas y de los profetas del odio, han creído que es sólo
discurso.
Vaya,
pues, Joaquín, un ejemplo.
Una noche
de 1968, de aquel turbulento 1968, Joaquín, se le informó al Presidente Gustavo
Díaz Ordaz que de la Secretaría de la Defensa se había informado que venía a
Los Pinos todo el Estado Mayor del Ejército, encabezado por el general Marcelino
García Barragán.
Años
después, Díaz Ordaz contó que creyó que el general García Barragán iba a Los
Pinos a tomar el poder. Así de revuelto estaba aquel 1968.
Díaz Ordaz
se puso la banda presidencial y esperó en su despacho la llegada de los
generales.
Entraron
todos, adustos, serios. Y habló el general García Barragán:
“...Señor
Presidente, venimos a ratificarle la lealtad del Ejército a las instituciones
de la República”.
Díaz Ordaz
contó que emocionado, no tuvo palabras. Sólo un gracias y un fuerte abrazo para
el general García Barragán.
Esa,
Joaquín, es algo más que una anécdota, es una prueba viva, histórica y
verificable de la lealtad de los
soldados mexicanos a las instituciones de la República.
A las
instituciones de la República, como ayer lo ratificó el general Vega García.
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