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Es posible
que la reacción de todos los políticos y funcionarios, federales, estatales y
locales, haya sido, Joaquín, la misma que ayer te describió Carlos Navarrete,
el secretario general del PRD.
Estamos
cimbrados, dijo Navarrete.
Pues sí,
Joaquín, estarán muy cimbrados, pero no piensan hacer nada contra la
inseguridad pública.
Por
supuesto que no van a permitir que el descontento de cientos de miles de
ciudadanos por la inseguridad pública los vaya a distraer de lo importante.
Faltaba más, Joaquín. Y lo importante para los políticos y funcionarios de
todos los partidos es la sucesión presidencial, la carrera por la Presidencia
de la República, la lucha por el poder.
Por eso no
se resuelve la inseguridad pública, como no se resuelven tantas otras cosas,
Joaquín, porque en esto también somos rehenes de los políticos y funcionarios,
quienes metidos en sus luchas por el poder no tomarán ninguna decisión que les
signifique un costo político.
Sólo
buscan la manera de aprovechar el descontento para sacar alguna ventaja en la
lucha por el poder. Buscan como aprovechar la marcha del pasado domingo.
Harán como
que toman decisiones. Y lo que en verdad hacen, Joaquín, es tratar de inventar
temas que distraigan a la opinión pública para sacar de la agenda a la
inseguridad pública.
Lo peor
que nos puede pasar, Joaquín, es que ocurra lo que decía hoy Pablo Latapí en su
columna del diario La Crónica. Lo peor que nos puede pasar es que sólo se diga:
la marcha, ya marchó.
Total,
comentarán entre sí los políticos y funcionarios tan cimbrados, ya pasó el
susto.
Dependerá
de nosotros, Joaquín, que eso no ocurra. Qué sigan asustados, para que hagan
algo.
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