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Voy a la
marcha porque hace unos días asesinaron al padre de una compañera de mi hija a
las puertas de su casa. Por robarle el coche. No quiere que nos pase lo mismo.
Así
explicó una madre de familia la razón por la que asistió a la marcha de ayer.
Fue la
marcha del hartazgo, del miedo, de la frustración. Fue una marcha contra nadie
y contra todos.
Cientos de
miles de personas que con su marcha silenciosa expresaron su hartazgo. Pero,
según las autoridades, no fue así.
¡Qué pena,
Joaquín, las autoridades no escucharon!
En Los
Pinos actúan como si fueran ajenos a toda responsabilidad. Simulan que
escucharon y responden con discurso de candidato, no de Ejecutivo. El
Presidente Fox nos habla de lo que quisiera hacer. El mismo discurso de
siempre, un discurso que agotaron cuatro años de gobierno.
Tampoco
escucharon en el gobierno del DF. La marcha abrió una brecha entre López
Obrador y el PRD. López Obrador habló de manipulación, de amarillismo y de
conspiraciones. El Secretario general del PRD Carlos Navarrete propuso
escuchar, valorar y actuar de acuerdo a las exigencias de la sociedad.
Ayer la
marcha fue silenciosa. Porque marchó la mayoría silenciosa. Si, Joaquín, la
mayoría silenciosa que está harta de discursos y harta de promesas.
El
estruendo de su silencio no fue escuchado.
La
sociedad está harta, Joaquín, y si no
la escuchan, lo que ayer fue pacífico y silencioso, puede convertirse en algo
muy peligroso, porque el miedo y la desesperación del hartazgo son malos
consejeros. Muy malos consejeros, Joaquín.
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