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En
Jalisco, Joaquín, fue secuestrada una niña de siete años.
Los
secuestradores la mataron casi de inmediato, pero siguieron llamando a la
familia para negociar un rescate. Ya fueron detenidos dos de los tres
criminales, Joaquín, pero uno se queda aturdido cuando se entera de estas
tragedias.
Y sobre
todo, Joaquín, uno quisiera hacer polvo a los criminales capaces de actos tan
bestiales como el asesinato a sangre fría de una niña de siete años.
Nos dicen
los corazones sangrantes, Joaquín, que antes que endurecer el castigo para los
criminales hay que resolver las causar de la criminalidad.
Se insiste
en que las causas de tanta criminalidad están en la pobreza que padecen tantos
mexicanos. Es posible que a algunos la pobreza los empuje a robar, pero me
resisto a aceptar la tesis de que el simple hecho de que uno sea pobre
automáticamente lo ubica en las filas de la delincuencia.
Es cierto,
Joaquín, en México hay millones de pobres, pero la mayoría se esfuerza por
sobrevivir mediante su esfuerzo y su trabajo. La mayoría no se dedica a robar y
menos a matar.
Aunque la
tesis fuera creíble, Joaquín, ¿cuánto tiempo le llevará al país resolver la
miseria y la marginación? Una, dos generaciones de trabajo sostenido.
¿Esperan
entonces que transcurran una o dos generaciones para que las autoridades
empiecen a garantizarle a los mexicanos su seguridad pública? ¿Esperan que
mientras transcurren una o dos generaciones los mexicanos nos resignemos a ser
asaltados, secuestrados o asesinados?
La
solución, como tantos estudiosos sostienen es a largo plazo, porque la solución
de la miseria es de largo plazo.
De acuerdo, Joaquín,
pero, ¿y mientras que harán los gobiernos?
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