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Durante el
sexenio de Carlos Salinas de Gortari se construyeron los penales de alta
seguridad que hay en México.
El
proyecto, elaborado casi al final del gobierno de Miguel de la Madrid, se basó
en las reglas bajo las cuales se construyeron penales de alta seguridad en
otros países. Especialmente se tomaron en cuenta las rigurosas medidas de
seguridad y el riguroso régimen disciplinario que se mantiene en las cárceles
donde los ingleses recluyen a los terroristas.
En las
naciones cuyas prisiones de alta seguridad sirvieron de modelo para las de
México, Joaquín, no se ha escapado nadie y, por supuesto, se restringen las
actividades de los reclusos al mínimo.
Así
empezaron los penales de alta seguridad en México. Con un régimen muy duro para
los reclusos, régimen duro que se explica por la peligrosidad de los ahí
presos.
Luego
vinieron las quejas, las recomendaciones de las comisiones de derechos humanos,
el recorte de los presupuestos y el consiguiente relajamiento de la disciplina
carcelaria. Y, posiblemente, la corrupción.
Eso
explica, Joaquín, hechos como los revelados por un diario de la ciudad de
México. Explica que ahí, en el penal de Alta Seguridad de Almoloya, o la Palma,
como le llaman ahora, puedan forjarse alianzas entre narcotraficantes y
secuestradores presos, narcotraficantes y secuestradores que fueron enviados a
esa prisión para aislarles de la sociedad.
Si esa
información se confirma, Joaquín, los penales de alta seguridad no se
distinguen en nada del resto de las cárceles del país, porque los criminales
pueden manejar con toda libertad sus asuntos desde la prisión.
Y de alta
seguridad sólo tienen el nombre.
Lo peor,
nosotros pagamos el costo, en todos sentidos. Pagamos los gastos de los presos
y además el costo de sus actos criminales planeados y dirigidos desde las
prisiones.
¿Verdad
que vamos bien?
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