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Las cifras
oficiales nos revelan, Joaquín, que las reservas probadas de petróleo de México
suman 18 mil millones de barriles.
Esto,
dicen los especialistas, significa que tenemos reservas para 12 años.
Teníamos
para 22 años, nos dicen, pero como la producción diaria de petróleo ha
aumentado, las reservas se reducen peligrosamente.
Es un
riesgo que tengamos reservas de petróleo sólo para doce años. Pienso que ya no
es tiempo de discutir qué pasó. Eso debiéramos dejarlo para después.
Mientras,
Joaquín, no hay duda que algo hay que hacer para que se localicen más
yacimientos de petróleo.
Hay una
película que se llama “un día sin mexicanos”, en la que se describe lo que
sufriría California si de pronto ya no tuvieran la mano de obra de los
mexicanos y de los latinoamericanos.
Ahora
imaginemos un día sin petróleo, como ocurriría dentro de doce años, en 2016.
Para
empezar, el gobierno federal se quedaría sin recursos para pagarle a sus
trabajadores, sin recursos para pagar las pensiones y sin recursos para hacer
inversiones. No habría dinero para comprar en el extranjero el petróleo que ya
no produciríamos.
La
conclusión, Joaquín, es que hay que hacer algo. Sí, pero en lugar de discutir
seriamente cómo remediar la situación, nos ocupamos de ver a quien le echamos
la culpa de la situación.
Nadie
quiere discutir el problema en serio. A nadie le interesa, porque nadie quiere
pensar en el 2016, sólo se piensa en el 2006.
Qué razón
tenía Winston Churchill, cuando dijo que la diferencia entre un político y un
estadista es que el político piensa en la siguiente elección, mientras que el
estadista piensa en la siguiente generación.
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