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Cada vez
se descompone más la relación del gobierno del Presidente Fox con el jefe de
gobierno del DF Andrés Manuel López Obrador.
No sabemos
todavía, Joaquín, si ese conflicto afectará la actividad de los diputados y
senadores del PRD. No sabemos si esas diferencias influirán en las votaciones.
Si el
pleito Fox-López Obrador se traslada al Congreso, Joaquín, será difícil que el
Ejecutivo cuente con el PRD para su agenda legislativa.
Mas el
problema no es que no avance mucho la agenda del Ejecutivo en el Congreso.
El
problema es el emponzoñamiento de la atmósfera política que está provocando esa
confrontación Fox-López Obrador.
El discurso
está degenerando en calificativos y descalificaciones y se están calentando los
ánimos de los partidarios de los protagonistas de esta confrontación.
Y,
Joaquín, está dejándose sentir una intolerancia muy peligrosa.
La
intolerancia conduce a la ruptura del diálogo. La ruptura del diálogo hace
imposibles los acuerdos y las negociaciones.
Es tiempo
de recordarles a los políticos, a los políticos y a los funcionarios, Joaquín,
que les pagamos para que cumplan con la tarea de gobernar. Y si para cumplir
con su responsabilidad de gobernar tienen que negociar, pues que negocien y
lleguen a acuerdos.
Es tiempo
de recordarles que ya en muchos sectores se siente el desencanto con la
política, el desencanto con la democracia.
Recordarles que lo peor que puede pasar es que los ciudadanos empiecen a
gritar:
Qué se
vayan todos.
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