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El rescate
de un niño de 5 años, quien había durado secuestrado varias semanas Joaquín, es
posible que venga a subrayar los dilemas morales que crea el secuestro,
especialmente cuando la víctima es un niño.
¿Cómo
obtener los datos que permitan el rescate?
Cada
funcionario policíaco, como solían decir, tiene su método, su libreto; libreto
que no siempre se apega a las estrictas normas que exigen los defensores de los
derechos humanos.
Cito un
caso: hace unos años, en un Estado del centro de la República, fue secuestrado
un niño, también de cinco años. El secuestro fue denunciado. Y fueron
monitoreadas por la policía las llamadas que hacían los criminales para
exigirle el pago del rescate a la familia del pequeño secuestrado. Se había
llegado al punto en que habían dado un plazo de 24 horas para recibir el
dinero, si no, matarían al niño.
El
monitoreo de las llamadas permitió la detención de uno de los secuestradores. A
quien mediante métodos, digamos no muy legales, se le obligó a confesar donde
tenían al niño. Como sea, la policía montó un operativo y rescataron al niño.
El
comisionado de los derechos humanos del Estado habló con el gobernador y le
dijo que denunciaría a la opinión pública la tortura a que habían sometido al
criminal detenido para obligarlo a revelar donde tenían al niño.
El gobernador
le dijo que comparecería junto con el comisionado y que le dejaría a la opinión
pública decidir si se debería haber evitado el maltrato del detenido, aunque se
arriesgara la vida de un niño de cinco años. El comisionado de los derechos
humanos prefirió callar, Joaquín.
¿Qué
hubiéramos hecho cualquiera de nosotros si estuviéramos en lugar de los
funcionarios policiales, Joaquín?
Quien
sabe, Joaquín, a lo mejor con la vida de un niño de cinco años de por medio,
hubiéramos pedido más Tehuacán.
Son
dilemas morales, y legales, Joaquín, que plantea el secuestro.
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