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A pesar de
que hasta el subprocurador Santiago Vasconcelos se une al coro de las
autoridades que creen que los medios han exagerado la dimensión de la amenaza
social que representan los secuestros, los hechos ahí están, Joaquín.
Ahí están
los testimonios, conmovedores testimonios del daño moral que el secuestro
causa. No sólo a las víctimas directas de ese despreciable delito, sino a la
sociedad misma.
Inquieta, además, Joaquín, que el
procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, coquetee con la
idea de que convendría congelar los bienes de familiares y víctimas del
secuestro para así impedir el pago de rescates y, supuestamente eliminar el
incentivo para los secuestradores.
La
práctica, nos dice, ha dado resultados positivos en la entidad. No lo sé,
Joaquín, supongo que el Procurador Macedo tiene la información. Pero recuerdo
que el año pasado fue secuestrado un candidato a diputado y no fue liberado
sino hasta que se pagó el rescate. Eso ocurrió precisamente en Veracruz.
Pienso,
Joaquín que la congelación de los bienes de las víctimas de secuestro y de sus
familias es una medida que echa sobre ellos, sobre las víctimas y sus
familiares, una carga moral extra. A la tragedia que sufren, se le suma la
angustia de no poder hacer nada para rescatar a un familiar. Es posible,
Joaquín, que como dice el Procurador Macedo, sea una medida práctica.
Ah,
Joaquín, pero hay tantas medidas prácticas que precisamente por serlo se
transforman en actos inhumanos.
Y esa idea
de congelar los bienes de los secuestrados, Joaquín, me parece profundamente
inhumana, porque se pone en riesgo la vida de las víctimas de un secuestro.
Y no hay
medida práctica, idea eficiente, Joaquín, que valga la vida de una sola
persona.
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