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Hay una
variante de las actividades de la delincuencia organizada que se extiende, no
sólo en la ciudad de México, sino en otras ciudades de la República.
Se trata de la venta de protección.
Al estilo
del Chicago de Al Capone, bandas de delincuentes venden protección a los
comerciantes.
Los que
pagan lo hacen para evitar ser asaltados, aunque no siempre lo consiguen, pero
de todas maneras hay que pagar.
Esta
modalidad de delincuencia organizada, Joaquín, empezó desde ya varios años.
Empezó en la zona de La Merced, en Tepito y se ha extendido a otras áreas de la
ciudad de México.
La semana
pasada un comerciante reveló que tiene que pagar mil pesos cada semana a una
banda de delincuentes, para tratar de evitar ser asaltado.
Y hay
información de que esa práctica empieza a dejarse sentir en otras ciudades de
la República.
Es una
manifestación más de la descomposición en materia de seguridad pública.
Es
posible, e insisto, es posible, Joaquín, que estas bandas operen con la
protección de algunos policías. Así ocurría en el Chicago de Al Capone.
Hasta
ahora, dicen los que conocen del asunto, no hay evidencia de que estén bajo un
solo mando.
Pero si no
se hace algo, Joaquín, pronto veremos que surgirá un jefe y, como tantas otras
actividades criminales, se hará institucional la venta de protección. Tendremos
una mafia más.
Y la
sociedad enfrentará una amenaza más a su seguridad.
Y, como
dice el comercial de Nissan: nadie hace nada.
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