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Se anunció
hace dos días que el IFE analiza la posibilidad de utilizar urnas electrónicas
para las elecciones presidenciales de 2006.
Se nos
asegura que ya se utilizan en otros países. Es posible, Joaquín, pero hay que
tener presente que en las elecciones de 2003, el instituto electoral del
Distrito Federal hizo un experimento con urnas electrónicas y fue un fracaso.
Es muy
bonita la modernidad, Joaquín, qué caray. Seguramente las urnas electrónicas le
quitarían a los funcionarios de las casillas una enorme carga de trabajo.
De lo que
no estamos seguros, Joaquín, es que las urnas electrónicas le darían más
confiabilidad a nuestras elecciones.
No podemos
olvidar que toda la compleja legislación que creó nuestro sistema electoral
nació de la sospecha de que las elecciones eran tramposas.
Desde hace
ya casi 10 años, Joaquín, el sistema electoral ha conseguido darle credibilidad
a las elecciones. La gente confía en que su voto es contado bien y en que su
voto cuenta.
En Estados
Unidos, por ejemplo, utilizan todos los sistemas de votación ideados por el
hombre. Y ya ves como les fue en la elección pasada. Tuvieron que contar,
recontar y recontar los votos y al final fue la Suprema Corte de Justicia la
que decidió quién había ganado la Casa Blanca en el año 2000.
La ex
gobernadora de Texas Ann Richards dijo la semana pasada que si por ella fuera
en todo Estados Unidos se votaría cruzando con un plumón las boletas
electorales. O sea, está a favor del sistema que se utiliza en México.
Hay que
decirle al IFE que la modernidad está muy bien, pero que también tomen en
cuenta que cuando algo funciona, no tiene caso meterse a componerlo.
Capaz que con sus experimentos
le quitan la confiabilidad a las elecciones.
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