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En los
pasados meses, Joaquín, muchos políticos y funcionarios han visitado China.
Y han
regresado impresionados por el crecimiento de ese gigantesco país.
Y aquí nos
dicen: miren como en China han hecho todas las reformas estructurales, por eso
su economía ha crecido al 8 por ciento durante los últimos 10 años y ahora
tienen que tratar de reducir su ritmo de crecimiento.
Deslumbrados, pues, Joaquín, quedan muchos con el fenómeno chino al cual
ponen como ejemplo de lo que aquí deberíamos hacer.
Hay, sin
embargo, Joaquín, una gran diferencia. Allá el poder político y el control
económico están concentrados en las manos de unos pocos, los que controlan el
gobierno.
Esos pocos
decidieron hace 20 años empezar a convertir su economía de Estado en algo que
se parezca a una economía de mercado, para convertir a China en una potencia
mundial. Y hace 20 años recorren ese camino.
A los que
se deslumbran, hay que recordarles que China no es una democracia.
Y en lo
económico, el paso de una economía de Estado a una economía casi de mercado no
les ha resultado gratis.
Ya
empezaron pagar el costo de esa transformación. Y lo pagan con millones de desempleados, millones, Joaquín. Ya hay
gran inquietud en las universidades, porque muchos nuevos profesionistas no
encuentran empleo. Pero, sobre todo, Joaquín, se sacrifica la libertad.
Una
pregunta a los que se fascinan con China, Joaquín: ¿estarían dispuestos a
sacrificar las libertades individuales a cambio de un gran crecimiento
económico?
O, como el
ranchero, Joaquín, preferimos arrear con las mulas que tenemos.
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