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Cada
semana, cada diez 10 días, aparecen encuestas en las que se revelan los niveles
de popularidad que tiene cada uno de aquellos que son considerados como
aspirantes a la Presidencia de la República.
Cada
semana o cada 10 días, Joaquín, vemos que López Obrador sube, que no, que ya
bajó, que Santiago Creel perdió, pero luego se recuperó. Y así sucesivamente
ocurre con todos los aspirantes a la Presidencia.
Por
supuesto que las encuestas no mienten, Joaquín, porque salvo excepciones, las
empresas encuestadoras no corren riesgos, pues su prestigio se sustenta en su
credibilidad.
Sin
embargo, Joaquín, nos encontramos con que todas estas encuestas toman en cuenta
sólo a los aspirantes. Algo así como un nacional concurso de popularidad de los
personajes de la política nacional.
Y no está
mal, pues de alguna manera sirven para que los ciudadanos cuando menos los
conozcamos.
Mas pienso
que esas encuestas, a pesar de todo, son apenas rounds de sombra, porque toman
en cuenta a los aspirantes a la Presidencia, separados de sus partidos.
En la
pelea de verdad, la de las campañas electorales, en las elecciones de 2006, serán inseparables los candidatos y
sus partidos.
Entonces
esas mediciones de popularidad únicamente de las personas son algo así como los
rounds de sombra en el boxeo.
Seguir las
encuestas, pues, es, Joaquín, como asistir a los entrenamientos.
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