|
Hoy,
Joaquín, se cumplen once años del asesinato contra el Cardenal Juan Jesús
Posadas Ocampo, arzobispo de Guadalajara.
Y, como en
los otros aniversarios, Joaquín, revive la polémica y se escuchan los reclamos
de justicia.
Llama la
atención que el Cardenal Norberto Rivera lamentara ayer que no haya resolución
convincente del caso, a pesar de que, dijo, hay elementos que indican que su
muerte fue intencional y bien planeada.
Es
cierto, Joaquín, hay elementos para suponer que el asesinato pudo ser planeado,
pero no hay evidencias convincentes, no se han encontrado porque casi desde los
primeros días posteriores al asesinato del Cardenal Posadas las investigaciones
se enredaron, quizá intencionalmente, quien sabe.
Pero ahí
está otra vez la polémica, como en cada aniversario del asesinato del Cardenal
Posadas. Y no siempre los argumentos de una y otra parte son convincentes. Los
que apoyan la teoría del nintendo de Carpizo, emplean las descalificaciones
como argumento, quizá porque su alegato nace del enfermizo anticlericalismo que
afecta a tanta gente. No apoyarían la teoría de la confusión si el asesinado no
hubiera sido un cura.
Los que manejan
la teoría del complot, Joaquín, especulan, pero no aportan evidencias.
Quisieran que el Cardenal Posadas fuera mártir de la fe. Pero aún si se
comprueba que su asesinato fue intencional, Joaquín, de lo que sí no hay
evidencia es de que se le haya asesinado por ser sacerdote o por predicar la
fe.
Han pasado
once años, Joaquín, y seguimos en esa polémica. A veces exageradamente ruidosa.
Insisto,
hay muchos hechos no aclarados en torno al crimen, pero han pasado once años,
Joaquín, y pienso que ya nunca sabremos lo que en verdad ocurrió aquella mañana
del 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara.
Quién
espere que el crimen se aclare, pues que espere, Joaquín, que espere hasta que
el infierno se congele.
|