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Pues estamos
como Sísifo, Joaquín, aquel personaje de la mitología griega quien por haber
engañado a Zeus fue condenado después de muerto a subir una enorme piedra a la
cima de una montaña. Una vez en la cima, la piedra volvía a caer y Sísifo tenía
que volver a subirla. Y así por toda la eternidad.
Cuando todo
parecía indicar que los problemas del país obligarían a los actores políticos a
entablar un diálogo y a llegar a acuerdos, otra vez estalló el pleito.
Y ahí tenemos
un enfrentamiento entre el Presidente Fox y el jefe de gobierno del Distrito
Federal Andrés Manuel López Obrador.
Otra vez
la opinión pública queda atrapada en el intercambio de acusaciones y por
supuesto de declaraciones estridentes.
El Presidente
Fox y López Obrador tienen estilos diferentes.
El estilo
del Presidente Fox es entrarle de frente a las situaciones. López Obrador no,
es un estilo taimado, prueba de ello es que le deja al PRD y a Leonel Godoy la
tarea de pelearse y hacer declaraciones agresivas.
Pero ya
llegó la hora de que la prudencia prevalezca en alguno de los políticos que
pelean. Y aunque el PRI de Roberto Madrazo parece estar al margen del actual
enfrentamiento entre el perredismo de López Obrador y el Presidente, también
los priístas avientan la prudencia por la ventana, si creen que les conviene.
Dicen que
en la democracia es casi normal que haya tantas discusiones, tantos pleitos,
que el clima de crispación es casi natural en todas las democracias. Pues será,
Joaquín, pero los mexicanos de a pie ya nos estamos hartando de esos pleitos.
A este
paso vamos a llegar con el ánimo agotado a las elecciones de 2006.
Calma,
señores. Por supuesto que exaspera el estilo de López Obrador, muy parecido al
de esos que en voz muy baja nos recuerdan el 10 de mayo.
Pero,
Joaquín, hay que aplicar las máximas del filósofo de Güemez:
Los
recordatorios del 10 de mayo deben ser como las llamadas a misa.
Y como decía el filósofo: el que quiere
va, el que no, pues no.
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