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Ayer
compareció ante el Senado el Procurador General de la República Rafael Macedo
de la Concha.
Todas las
crónicas, aún las más negativas, coinciden en que el interrogatorio fue muy
comedido, nada agresivo.
A pesar de
ello, no cabe duda que el Procurador Macedo de la Concha está en el ojo del
huracán. No porque él así lo haya querido, simplemente porque el caso del
videogate es, fundamentalmente, un asunto político.
Tiene
razón el procurador cuando insiste en que su papel es la procuración de la
justicia, o sea, la investigación de posibles delitos, pero con las aguas tan
revueltas no hay duda que la PGR está sometida a enormes presiones políticas.
No sabemos
todavía, Joaquín, si el rol de la PGR es ajeno a las maniobras políticas que
estuvieron detrás del escándalo de los videos.
Desgraciadamente para el procurador Macedo de la Concha, la situación
está muy trastornada.
La situación
está tan trastornada, Joaquín, que todo lo que hace o deja de hacer la PGR del
general Macedo de la Concha tiene connotaciones políticas.
Tendremos
que preguntarnos si esa es la clase de procuración de justicia que necesitamos,
si esa es la clase de procuración de justicia que queremos. Una procuración de
justicia sometida a las presiones de los políticos y de los funcionarios.
Sobre
todo, Joaquín, está todo tan trastornado que ya nadie se acuerda de que quien
acusa tiene que ofrecer pruebas de sus acusaciones. No, Joaquín, ahora
cualquiera acusa sin pruebas, acusan los políticos, acusan los funcionarios, y
son los acusados los que tienen que probar su inocencia.
Por eso no
tenemos un verdadero Estado de Derecho, porque hemos dejado que unos pocos
políticos y funcionarios perviertan la procuración de justicia.
Porque
hemos dejado que los intereses y ambiciones de unos pocos prevalezcan sobre el
interés de la mayoría.
Pienso que
esa no es la democracia.
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