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En Madrid
sufrió un tropezón en canciller Luis Ernesto Derbez.
Le
preguntaron los periodistas y el señor Derbez, más que contestar, se puso a
pensar en voz alta:
Aclaró que
México es el noveno contribuyente mundial en el financiamiento de las Naciones
Unidas, pero no participa directamente con personal, el cual siempre es de
otras naciones.
Y se
preguntó una pregunta que se va a tener que hacer la sociedad mexicana: ¿no
somos hipócritas al estar poniendo dinero y no poner personal?
Explicó
que para enviar tropas mexicanas en misiones de la ONU se necesitaría, primero
un amplio consenso de la sociedad mexicana y luego la aprobación del Senado de
la República.
Se tropezó
por ese afán que tienen muchos funcionarios de dar largas y complicadas
respuestas. A la pregunta si México enviaría tropas a las misiones de paz de la
ONU, pudo responder con un simple no.
Como no lo
hizo, tuvo que corregirle la plana el Presidente Fox.
Tuvo que
decir el Presidente que aunque la constitución lo permite, previa autorización
del Senado, México no va a participar militarmente en ninguno de estos casos.
Uno
pensaría, Joaquín, que con tantos enredos en que ha andado la diplomacia
mexicana en las últimas semanas, ya podría existir un criterio unificado en el
seno del gobierno acerca del envío de tropas y acerca de muchos otros temas.
El
Presidente Fox hizo quedar mal al Secretario de Relaciones Exteriores.
Todo,
repito, Joaquín, porque el canciller no dio una respuesta corta.
Propondría
al gobierno federal que exijan la devolución del dinero a las empresas que
sometieron a los altos funcionarios a un curso sobre como sortear las conferencias
de prensa.
Es posible
que el señor Derbez no haya aprobado en ese curso.
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