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Los
políticos de todos los partidos han mantenido en vilo a la sociedad mexicana
con los pleitos originados por los video escándalos y la corrupción. Pleitos,
Joaquín, en los que se han acusado de todo y se han dicho de todo.
No se
puede negar que el debate entre los partidos no ha sido precisamente de altos
vuelos, más bien, Joaquín, ha sido más bien como pleito en los lavaderos de la
vecindad.
Discursos
y declaraciones crispadas, Joaquín. Pero así son las democracias.
Lo malo de
todo es que cada vez se ve más lejano el día en que lleguen a algún acuerdo que
beneficie a la ciudadanía.
Y vaya que
hacen falta acuerdos.
Ahora nos
dicen que en una cosa si se pondrán de acuerdo: en hacer una reforma electoral.
Hasta quieren hacer un período extraordinario de sesiones en el Congreso para
aprobarla. Claro que le hacen falta ajustes al sistema electoral, pero al final
del día los ciudadanos de a pie nos preguntamos si acaso la reforma electoral
crea empleos, si acaso la reforma electoral reactiva la economía, si la reforma
electoral impedirá que se devalúe el peso y con ello encarezcan tantas cosas
que importamos. No resolverán la marginación y la pobreza.
Ese,
Joaquín, ha sido el problema. Los políticos de todos los partidos están
demasiado ocupados en la lucha por el poder como para ocuparse de minucias.
Y para
ellos son minucias los problemas que afectan a los ciudadanos. Esas minucias
son buenas para el discurso político, pero nada más.
La lucha
por el poder, Joaquín, es parte inherente de las democracias.
Pero
también en las democracias los políticos y los partidos deben ocuparse de los
asuntos que verdaderamente interesan a los ciudadanos.
Y eso no
está ocurriendo, Joaquín, no está ocurriendo.
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