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Hoy,
Joaquín, recordamos la batalla del 5 de mayo de 1862, cuando las tropas
mexicanas derrotaron al Ejército Francés allá en los fuertes de Loreto y
Guadalupe en Puebla.
A 15 años
de haber perdido más de la mitad de su territorio después de la guerra con
Estados Unidos, un México desgarrado por la guerra civil de la Reforma, tuvo
que luchar por su supervivencia como nación independiente.
Aquel 5 de
mayo, Joaquín, fue apenas el principio de una lucha que duró cinco años.
Después de aquel 5 de mayo de 1862 tuvieron que transcurrir cinco años para que
México recuperara el pleno control y gobierno de su territorio.
Todo era
distinto entonces, Joaquín, hasta los periodistas.
Así lo
describe una antigua compañera de El Heraldo, se trata de Berta Hernández,
quien ha escrito una espléndida y generosa biografía de Ignacio Manuel
Altamirano.
Altamirano, conocido y reconocido por la novela el Zarco. Reconocido
como fundador de la educación normal en México, fue además, Joaquín, un
periodista, de aquel periodismo luchador del siglo 19.
Altamirano
perteneció a aquella generación de periodistas que desde las páginas de los
periódicos del siglo 19 libraban feroces batallas ideológicas.
Esa
generación de periodistas, Joaquín, liberales y conservadores, al final de
cuentas formaron parte de la luminosa generación de mexicanos que después de la
invasión francesa se dieron a la tarea de reconstruir al México devastado por
las guerras.
Al
comentar la muerte de Altamirano y la mitificación de su figura, Joaquín, Berta
Hernández comenta:
“...Altamirano no vivió para ver como los periódicos dejaron de ser
espacios de combate y de creación estética para volverse, poco a poco,
relatores de hechos en permanente competencia”.
Lástima,
Joaquín, quizá porque ahora los medios no son espacios de combate ideológico,
por eso tenemos tanta dificultad por construir el nuevo México.
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