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Cuando a
uno se le olvida algo importante, Joaquín, suele decir que se le fue el santo
al cielo.
Pues
bien, Joaquín, ayer, atarantado por el conflicto entre México y Cuba. Ansioso
por decir algo sensato, confieso que al momento del comentario se me fue el
santo al cielo.
¡Qué
bruto, me dije una y otra vez! ¿Cómo se me olvidó recordar el décimo
aniversario de este espacio radiofónico?
Sobre
todo, Joaquín, cuando uno ha visto
crecer al bebé.
El bebé
que era este tu noticiero hace 10 años, Joaquín, se ha nutrido de la
experiencia, del diario esfuerzo tuyo y de tu equipo.
Pero,
sobre todo, Joaquín, se ha nutrido de fino instinto periodístico. Del rigor
profesional de preferir perder un rumor.
Porque
sólo quien vive, sufre y disfruta este maravilloso oficio del periodismo sabe
que ningún día es igual, aunque a veces los temas estén vigentes durante
semanas.
Anoche,
Joaquín, te preguntaban allá en espacio 2004 acerca de la libertad de
expresión. ¿Cuántas veces se tiene que responder a esa pregunta?
Todas,
Joaquín, porque hay quienes creen todavía en las leyendas del México
autoritario. La mejor respuesta a las inquietudes sobre la libertad de
expresión, Joaquín, ha sido tu espacio radiofónico de mediodía. Y, por
supuesto, la apuesta de Radio Fórmula.
No han
sido fáciles estos primeros 10 años, Joaquín, tampoco lo serán los siguientes
años. Porque todos los días hay que servirle al auditorio.
Y se le
sirve con honestidad, con el valor de no propalar rumores, de no calumniar,
como decías anoche, con la verdad documentada. Eso lo sabe tu auditorio.
Gracias,
Joaquín, gracias por esa generosidad de amigo.
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