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Ni en los
años de la guerra fría, Joaquín, estuvieron tan mal como ahora las relaciones
entre México y Cuba.
El origen
de la confrontación actual está, por supuesto, en el giro que le dio Jorge
Castañeda a la política exterior de México.
Dejamos
atrás la neutralidad mexicana en el conflicto entre Cuba y Estados Unidos.
Y Fidel
Castro lo ha resentido.
Además,
Joaquín, tantas torpezas. Desde aquel comes y te vas, hasta que públicamente
Bush reveló lo fácil que es presionar al gobierno del presidente fox para
plegarse a la política norteamericana.
La torpeza
mayor fue la de la noche de ayer domingo.
No porque
se haya expulsado al embajador cubano, después del provocador discurso de Fidel
Castro el pasado uno de mayo.
Ningún
gobierno puede permanecer callado cuando el jefe de otro estado lo califica de
lacayo. El gobierno de Fox tenía que hacer algo.
La
torpeza, Joaquín, es que la felicitación de esta mañana de Colin Powell, deja
la impresión de que México se coordinó con Perú para retirar embajadores de
Cuba. Y que todo fue a sugerencia de Estados Unidos.
México,
Joaquín, supo mantenerse ajeno a las presiones norteamericanas a Cuba, con su
rechazo al bloqueo económico que dura ya tantas décadas. México supo apoyar a
Estados Unidos cuando la crisis de los misiles en 1962, Joaquín, pero también
supo rechazar la invasión norteamericana al territorio cubano.
En suma,
Joaquín, México supo manejar una impecable neutralidad en el conflicto entre
Cuba y Estados Unidos.
Y la supo
manejar con una inteligente diplomacia internacional.
Es
lamentable por supuesto que las relaciones entre Cuba y México estén tan mal.
Quizá no sólo sea culpa del gobierno del Presidente Fox, quizá también tenga
culpa el gobierno de Fidel Castro.
Pero no
deja de ser lamentable, Joaquín, que extrañemos tanto la vieja, pero
inteligente, diplomacia internacional.
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