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Saben los
diputados que no pueden someter al Presidente de la República a un
interrogatorio porque la Constitución, al establecer un sistema presidencial,
hace que el Congreso y el Presidente no sean pares, sólo Poderes diferentes de
la Federación.
Vamos,
Joaquín, no son iguales los legisladores que el Presidente.
Por eso no
lo pueden interrogar.
Pero ayer,
por fin, se pusieron de acuerdo todos los diputados, de todos los partidos,
para someter al Presidente a un suplicio mayor que el suplicio de que el
Presidente tuviera que ser sometido a un interrogatorio y verse obligado a
responderle a los legisladores desde la tribuna.
Sí,
Joaquín, ayer inventaron los diputados un suplicio mayor. Se trata de hacer que
el Presidente de la República, el día del informe presidencial, tenga que
sentarse allí en el Palacio Legislativo ante todo el Congreso para escuchar eso
que llaman los posicionamientos de los partidos.
Sólo hay
que haber cubierto como reportero, o haber sido uno de los pocos que ven el
informe presidencial por televisión, Joaquín, para saber que eso de los
posicionamientos no es sino una serie de interminables rollos de los coordinadores
de cada uno de los partidos representados en el Congreso.
No dicen
lo que piensan que debiera hacerse en cada uno de los temas pendientes de la
agenda nacional, no, Joaquín, se dedican a lanzar críticas groseras al
Presidente en turno.
Ya los
hemos oído, Joaquín, por eso calificamos de suplicio que el Presidente tenga
que escuchar todas las barbaridades que se dicen en los tales posicionamientos.
Y tener que aguantarse las ganas de responder, porque después de todo el
Presidente es el invitado del Congreso.
Afortunadamente, Joaquín, la propuesta todavía tiene que ser aprobada
por el Senado.
Ojalá y en
el Senado, la Cámara creada para reflexionar más sobre las leyes, haya un poco
más de sentido común. Ojalá, Joaquín.
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