|
Mal andan
las cosas, Joaquín, cuando ni siquiera los gobernadores de la Conago reunidos
en San Luis Potosí se atrevieron a someter a votación la propuesta del
oaxaqueño Murat para hacer una convocatoria a todas las fuerzas políticas a
olvidarse de las confrontaciones y a dialogar en un clima de civilidad
política.
Mal andan
las cosas cuando todos los partidos rompen el diálogo entre sí y con el
gobierno.
A todos,
Joaquín, les importa más salvar sus imágenes o avanzar en sus objetivos
electorales mediante el intercambio generoso de lodo.
Fue un
error, sin duda, que el Presidente Fox declarara abierta la carrera para el
2006. En este país donde nos fascina el futurismo, ya nadie piensa en otra
cosa. Todas las agendas, las de todos los partidos y las de todos los
políticos, no van más allá de las elecciones de 2006.
Ya no sólo
los políticos practican aquello de “maten al mensajero”. Son muchos, Joaquín,
los que tristemente responsabilizan de lo que ocurre, responsabilizan de los
escándalos, a quienes denuncian posibles delitos, no a quienes pudieran
haberlos cometido.
Los intereses políticos que casi siempre
involucran a muchos sectores de la sociedad, no sólo a los hombres de la
política, han creado un mundo al revés.
Un mundo al revés, Joaquín, en el que no
importa el desencanto que provoca entre los ciudadanos la desatención a los
problemas fundamentales de la Nación.
Un mundo al revés, en el que a nadie parecen
importarle la inseguridad, la desigualdad, el atraso ni el estancamiento
económico y social.
Y tampoco
a nadie parece importarle, Joaquín, el cumplimiento de la ley.
Hay quienes creen que por motivos políticos
puede violarse la ley.
Olvidan, Joaquín, que el cumplimiento de la
ley es la clave para resolver pacíficamente todos los conflictos, es la clave
para una convivencia civilizada en esta sociedad tan compleja como la nuestra.
Pero el cumplimiento de la ley, Joaquín, como
que no se nos da.
Vamos, ni siquiera se le da a muchos de los
que nos gobiernan.
|