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Andrés
Manuel López Obrador y su partido el PRD pusieron en marcha la teoría del
complot. Ya lo de menos es si tienen la razón, lo importante es que estamos
ante una confrontación entre el gobierno del DF y el Ejecutivo Federal.
El Ejecutivo federal, por primera vez, ha
reaccionado exigiendo respeto a la Presidencia, una Presidencia a la que se
intenta acorralar.
El
discurso del PRD se ha tornado violento. El PRD amenaza y Martí Batres reparte
acusaciones contra todo y contra todos.
Desde el gobierno federal, Joaquín, el
subprocurador Santiago Vasconcelos ha amenazado con eventuales consignaciones
al Jefe de gobierno del DF y al procurador Bátiz.
Han caído en una trampa, porque si el
Ejecutivo acusa ante los tribunales a López Obrador, lo convertirá en víctima,
el rol, que como se dijo en este tu espacio, Joaquín, es el rol que mejor le
sienta a López Obrador.
Si el
Ejecutivo no hace nada, salvo ruido y declaraciones, habrá perdido, porque
López Obrador habrá demostrado que es el más fuerte y que, como ya lo dijo en
una ocasión, es indestructible.
El
lenguaje se ha tornado violento. Otra vez, Joaquín, otra vez la violencia
verbal, como en 1994. Y nos olvidamos que nos dijo en 1994 Octavio Paz, que de
la violencia verbal es muy fácil pasar a la violencia física.
Se ha
empezado a insultar y a decir mentiras con gran impunidad.
Cuidado,
se ha puesto en marcha un proceso de confrontación que todos sabemos que empezó
con la transmisión del video de Gustavo Ponce en Las Vegas.
Pero
nadie, Joaquín, nadie sabe como terminará. La inercia de los acontecimientos,
la violencia del discurso y los insultos, pueden rebasar a los protagonistas.
Pueden
desatar un vendaval, Joaquín, un vendaval político, que luego sería un vendaval
económico.
Lo que nos
faltaba...
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