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Ayer, Joaquín, la Suprema Corte de Justicia validó como
constitucionales las reformas electorales que aprobó la Cámara de Diputados.
Estas reformas
consisten en hacer más rigurosos los requisitos que tiene que cumplir una
organización política para obtener su registro como partido.
Primero, tendrán que constituir una
organización política. Cuando quieran convertir esa organización política en
partido, tendrán que probar que cuentan cuando menos con 150 mil militantes y
que tienen presencia en 200 de los 300 distritos electorales en que está
dividida la República.
Esa decisión, Joaquín, hará más difícil que haya partidos
nuevos en las elecciones presidenciales, a menos que cuaje el frente que están
intentando formar algunos de los partidos que en las elecciones del año pasado
no alcanzaron el mínimo de votos para retener el registro.
Si se juntan esos
pequeños partidos, como México Posible o Fuerza Ciudadana, es posible que
logren cumplir con los requisitos. Y entonces algún candidato independiente,
como sería el excanciller Jorge Castañeda, contaría con una plataforma.
Como sea, la decisión
de la Suprema Corte, Joaquín, fortalece la posibilidad de que para las
elecciones presidenciales de 2006 los ciudadanos tengamos que elegir al
Presidente de entre los candidatos de los tres principales partidos, el PAN, el
PRI y el PRD.
Y como están las cosas en los tres grandes partidos, Joaquín,
los ciudadanos tendremos que elegir entre el menos malo de los candidatos.
Ni modo, Joaquín, ni modo.
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