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Hace ya casi 20 años, Joaquín, en una visita a Ciudad Juárez,
alguien me señaló a una persona, un hombre joven, con finos pantalones
vaqueros, tejana y ostentosa joyería. Y me dijo: es el Greñas, es el que
controla todo el tráfico de marihuana.
Y pasaron casi cinco años para que la PGR detuviera al tal
Greñas.
Todos los juarenses
sabían lo que hacía, menos la gente de la PGR.
Todo esto viene, Joaquín, porque la Procuraduría General de la
República detuvo a un individuo que se supone es el mayor traficante de
marihuana en Ciudad Juárez.
Y nos dice la Procuraduría General de la República, con la
misma actitud que asumiría quien descubrió un nuevo planeta, que hay nexos
entre los policías municipales de Ciudad Juárez con los traficantes de droga.
Claro, la PGR señala a los policías municipales como los
protectores de los narcotraficantes.
Pero, ¿dónde estaban los agentes federales?
Igual que hace 20 años. Puedes estar seguro, Joaquín, que la
mayoría de los habitantes de Ciudad Juárez sabían cuál era la actividad del
narco detenido hace dos días.
Menos la PGR.
Y claro, ahora acusan a los policías municipales.
En 1998, me dijo el entonces alcalde de Ciudad Juárez Ramón
Galindo. Les pago bien a los policías, mejor que en otras ciudades, pero es
imposible competir con la corrupción de los narcos. Ellos les pagan a los
policías en una semana lo que el municipio les paga en un mes.
¡Qué difícil debe ser
policía municipal, no sólo en Ciudad Juárez, sino en todas las ciudades de la
República!
¡Qué difícil debe ser para los policías municipales de toda la
República resistir la tentación!
Sobre todo, Joaquín, cuando se dan cuenta que quienes por ley
tienen la facultad de perseguir a los narcos, o sea los agentes de la PGR, a
veces parecen ciegos, sordos y mudos.
Nada justifica la corrupción, pero a veces se crean las circunstancias
que la facilitan.
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