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Atrapados en
el caso del videogate, Joaquín, pendientes de las revelaciones ofrecidas por el
jefe de gobierno de la ciudad de México o quizá horrorizados por el bárbaro
atentado en España, Joaquín, no hemos puesto suficiente atención a la
encrucijada en que se encuentra una de las columnas fundamentales de la
estabilidad en nuestra sociedad. No le hemos prestado la suficiente atención al
conflicto que enfrenta el Instituto Mexicano del Seguro Social.
El IMSS y su dirigencia sindical han negociado modificaciones
al contrato colectivo de trabajo. Las principales modificaciones que ha
propuesto la dirección del IMSS es la que tiene que ver con la edad a que se
jubilan los trabajadores del IMSS.
Actualmente un trabajador del IMSS se puede jubilar apenas
pasados los 50 años, o sea, cuando cumple 28 años en el empleo. Se jubila con
el importe de su último salario. Se quiere que ahora se jubilen, como todos los
demás trabajadores, o sea a los 60 ó
65 años.
Eso le daría un
respiro a la difícil situación del Instituto.
Es cierto, los
trabajadores del IMSS que se oponen a los cambios en el contrato colectivo
alegan que ellos no son culpables de la situación difícil del instituto. Y
pueden alegar que el Estado les ofreció las prestaciones que ahora tienen. Y
podrán tener razón.
Pero está en juego la
existencia misma del IMSS y la existencia de la seguridad social para millones
de mexicanos que están afiliados al Instituto.
Sin el IMSS, millones
de mexicanos y mexicanas quedaríamos indefensos, expuestos a la depredación en
que se ha convertido la asistencia médica privada.
Si, como dicen tantos
trabajadores del IMSS, quieren tanto al instituto al que han dedicado su vida,
quizá sea el momento de la reflexión.
Quizá sea el momento
en que contribuyan a salvar al Seguro Social.
Y de paso, Joaquín,
salvarían su fuente de trabajo.
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