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El videogate del gobierno del
distrito federal, Joaquín, ha puesto en el tapete de la discusión las fuentes
de las informaciones que manejamos los periodistas.
Hay jurisprudencia de la Suprema
Corte que protege el derecho de los periodistas a no revelar sus fuentes de
información. Y hasta recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos
Humanos que protegen ese derecho.
Y el periodista protege su
fuente, porque con mucha frecuencia la información involucra a personas o
instituciones muy poderosas que deben rendir cuentas de sus actos. Pero
precisamente porque son tan poderosas esas personas e instituciones, el
periodista tiene que proteger a sus fuentes de información, porque quienes dan
la información protegen sus empleos y a veces hasta su integridad personal.
Martí Batres Guadarrama, Joaquín,
podrá explicar lo que quiera, pero ayer claramente intentó amedrentarte al
advertirte que se investigaría quien proporcionó a tu noticiero en Televisa los
videos sobre el exsecretario de finanzas en Las Vegas.
¡Qué curioso, Joaquín, que ahora esté López Obrador tan
empeñado en averiguar las fuentes de información de los periodistas!
¿Por qué se negó a revelar
quiénes le entregaron aquellas cajas con información sobre los gastos de
campaña de Roberto Madrazo en Tabasco? ¿Por qué entonces López Obrador se
aferró en decir que las cajas de documentos habían aparecido misteriosamente en
el Zócalo?
Porque ahora, Joaquín, ellos, los
hombres de López Obrador están del otro lado del mostrador. Hay que mantenerse
firmes, Joaquín, firmes en el privilegio de confidencialidad que tienen las
fuentes del periodista.
Están muy confundidos, muy
enojados, muy aturdidos, no cabe duda, Joaquín.
Pero sobre todo, Joaquín, están
muy asustados. Por eso a Martí Batres le salió lo cegehachero.
¿A qué le tendrán tanto miedo, Joaquín?
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