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Los video escándalos, Joaquín, han colocado
a Andrés Manuel López Obrador en una situación más difícil de lo que quiere
reconocer.
Es posible, que como él dice, sean sus adversarios los que se
han lanzado a fondo para impedirle que sea candidato a la Presidencia de la
República. Y, por supuesto, para impedir que sea Presidente de la República.
Mas hay hechos innegables.
Uno la vida loca del ahora exsecretario de finanzas Gustavo
Ponce. Dos, la facilidad con que René Bejarano recaudaba dinero, para campañas
o para su beneficio.
Son hechos que no pueden ser ignorados, porque aunque haya
consignaciones y castigos, las consecuencias políticas pueden ser peores. A
Bejarano le pasó lo que a los agentes de Misión Imposible: si los capturan,
nosotros no los conocemos.
No puede López Obrador barrer y echar la basura bajo la
alfombra, porque la corrupción revelada por los videos involucra a dos de sus
más cercanos colaboradores. A su exsecretario de finanzas y a su exsecretario
particular.
Está tan empeñado en salvar su imagen, que ha dejado que
estalle una verdadera guerra entre las tribus del PRD..
No puede ignorar López Obrador que los video escándalos han
provocado una crisis en el seno del PRD.
No puede pretender colocarse por encima de los escándalos, porque sólo
dividirá más a las tribus de izquierda que se agrupan en el PRD.
En eso tiene razón Rosario Robles, todos tienen que asumir su
responsabilidad Y aceptar sus errores. Todos, Joaquín, desde el jefe de
gobierno hasta el último de los dirigentes del PRD. Y, como el aspirante más
fuerte a la Presidencia, es su responsabilidad resolver la crisis del PRD, no
puede cerrar los ojos y hacer como que la crisis no existe, sólo porque la
provocaron sus adversarios.
Cuidado, señor López Obrador, en su empeño por salvar su
imagen puede embarrancar el PRD.
Y con ello embarrancar las posibilidades que pueda tener la
izquierda de convertirse en opción seria y viable de gobierno.
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