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La estrategia de Andrés Manuel López Obrador para enfrentar la
crisis provocada por los escándalos de su Secretario de Finanzas Gustavo
Ponce y su exsecretario particular René
Bejarano, tiene dos facetas.
Una de ellas intenta desvincular a la figura del jefe de
gobierno del DF de las acciones ilegales de sus dos excolaboradores.
El mensaje es claro, puede haber corrupción, puede haber
corruptos en el gobierno de la ciudad de México, pero la integridad personal de
Andrés Manuel López Obrador es incuestionable.
Bien, pero ¿de qué sirve que el jefe de gobierno del DF fuera
irreprochablemente honrado, si muchos de sus colaboradores no lo son?
La otra faceta de la defensa de López Obrador, Joaquín, es convertirlo
en víctima de una campaña de desprestigio. Acusan al gobierno del Presidente
Fox y acusan a Carlos Salinas.
¿Qué les extraña, Joaquín? En este tu espacio se dijo hace
varias semanas que en la guerra política que ya llegó no habría
contemplaciones. Es una guerra en la que no se toman prisioneros, se dijo. Y
hasta se advirtió que al que no le guste el calor, que se salga de la cocina.
Pero hay algo más,
Joaquín. Y eso, en verdad, si preocupa, y preocupa mucho. La posibilidad que
anoche te confesó Marcelo Ebrard. La horrenda posibilidad de que haya un atentado contra Andrés Manuel López Obrador.
Insinuar que sí
queremos otro Colosio, Joaquín, sólo para zafarse de la crisis, me parece que
es una gran irresponsabilidad. Con ese tipo de declaraciones se crean los
climas de violencia.
Y recordemos la
reflexión de Octavio Paz en 1994: “…de la violencia verbal es muy fácil pasar a
la violencia física”.
Y luego, Joaquín, esa
descalificación de que Ahumada habría dicho que lo peor que le puede pasar a
México es que López Obrador llegara a la Presidencia. El encono con que lo dijo
Marcelo Ebrard es preocupante, Joaquín. Porque muchos, que ni son corruptos, ni
corrompen, piensan eso.
Y termino con una nota personal, Joaquín, querido amigo. Te
han amenazado por tu quehacer periodístico en todos estos escándalos. Para eso,
Joaquín, sólo hay una respuesta, una respuesta muy coloquial:
Manos les van a faltar…
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