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¡Qué lodazal! Con esa frase empezó un comentario de la semana pasada en este tu
espacio, Joaquín.
Todavía está por verse en qué termina el escándalo de la joven
promesa, el niño verde, y descubrimos que también en San Juan hace aire.
Las imágenes
que transmitiste en tu noticiero de anoche, Joaquín, donde aparece Gustavo
Ponce Meléndez, hasta esta mañana Secretario de Finanzas del gobierno del
Distrito Federal, disfrutando a todo lujo en Las Vegas y gastando miles de
dólares en las mesas de juego, obligaron a Andrés Manuel López Obrador y su
gente a pasarse la noche en vela para intentar controlar el daño que esto le
causa al gobierno de la honestidad valiente.
Anoche mismo te llamó Bernardo Batís para informarte y para
informarnos a todos que desde enero hay una investigación en marcha por un
presunto fraude de 31 millones de pesos.
La gran cantidad de
información que dio anoche y esta mañana el procurador del Distrito Federal,
Joaquín, prueba que efectivamente ya tienen una investigación no sólo muy
avanzada, sino también con todos los involucrados muy bien identificados.
Y uno pregunta: ¿por
qué no la habían hecho pública? ¿por qué nos informan hasta que se transmitió
el video del jugador Gustavo Ponce Meléndez?
Es evidente, Joaquín, que la transmisión de ese video les echó
a perder su estrategia.
Tal parece que se trataba de lavar la ropa sucia en casa.
Recuperar de alguna manera el dinero defraudado, toda vez que ya están
congeladas las cuentas de las empresas involucradas. Y luego, simplemente,
discretamente despedir al Secretario de Finanzas y a los principales
funcionarios metidos en el asunto.
La transmisión del
video le forzó la mano al gobierno de la Ciudad de México. Por eso esta mañana
López Obrador anunció el cese del Secretario de Finanzas, pero también por
primera vez en mucho tiempo López Obrador pareció no tener respuestas para
muchas de las preguntas de los reporteros.
Nadie, por lo visto, Joaquín, ningún gobierno es ajeno a las
prácticas de corrupción, sin importar el partido al que pertenezca.
Por eso hay que repetir la expresión de la semana pasada. ¡Qué
lodazal!
Y lo que falta, Joaquín, y lo que falta.
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